¿Qué fue de la vida de David Copperfield, el mago que tuvo que revelar un truco para no perder un juicio?

13 de septiembre de 2020 | | Comentarios | 72 veces leído

El ilusionista estadounidense más famoso y mejor pago del mundo, quien en pocos días cumple 64 años, realizó atracciones que pasaron a la historia. Desde hacer desaparecer la Estatua de la Libertad hasta atravesar la Gran Muralla China, su carrera despegó rápidamente e incluso lo llevó a volar. Pero no todo fue éxito en la vida del incansable creador de misterios.
Hacer desaparecer la Estatua de la Libertad, levitar sobre el Gran Cañón, atravesar la Muralla China, escapar de la Prisión Federal de Alcatraz y, como si fuera poco, lograr una hazaña todavía más difícil: convertirse en el ilusionista de mayor éxito comercial de la historia. David Copperfield es un pionero en la magia moderna y se lo considera uno de los mejores en su género. Acumula un historial de éxitos que trasciende a sus trucos e incluye más de 20 premios Emmy por sus especiales televisivos, 11 apariciones en el Libro Guinness de los Récords, tener un archipiélago en Bahamas a su nombre y haber enamorado a la supermodelo Claudia Schiffer. Pero sus logros no se agotan en la mera apariencia, ya que también desarrolló un programa de rehabilitación para ayudar a pacientes con minusvalías a recuperar sus habilidades a través de la magia, el cual se desarrolla desde hace casi 40 años y se emplea alrededor del mundo. Sin dudas, su carrera fue tan ascendente que, sin ir más lejos, lo llevó a volar por el aire.
David Seth Kotkin nació el 16 de septiembre de 1956 en Metuchen, Nueva Jersey. Comenzó su carrera profesional con apenas 12 años, pero su escasa experiencia no amedrentó a sus colegas, ya que fue la persona más joven en ser admitida en la Sociedad Estadounidense de Magos. A los 16 ya era profesor en la Universidad de Nueva York y poco después firmó sus primeros contratos en televisión. Hoy, con más de 20 especiales para la pantalla chica, 10 giras mundiales y 2 libros en su haber, se comprende que su visión tecnológica y la veta comercial que introdujo en el mundo del ilusionismo fue determinante a la hora de construir una carrera sin precedentes que lo llevó a recorrer el mundo con el misterio que le supo imprimir a cada una de sus actuaciones. Porque, aunque su auge se haya enmarcado dentro de los 80 y 90’s, sus videos todavía logran generar expectativa, mantener la intriga y despertar un deseo irrefrenable de querer y no saber cómo hizo “eso”.
Dicen que le apagaron la luz. Dicen que la cámara se movió sin que el espectador pueda notarlo y enfocó un pedazo cielo vacío. Dicen que fue una estrategia de montaje. Decenas de posteos en YouTube intentan explicar “La Desaparición de la Estatua de la Libertad”, el quinto de los 16 especiales bajo el nombre “The Magic of David Copperfield”, lanzado el 8 de abril de 1983. El famoso “creer o reventar” se hizo presente más que nunca en esa oportunidad, y también un año después, cuando se lo pudo observar flotando por los cielos del Gran Cañón de Arizona, en una jugada que en la actualidad, atragantados de tecnología como estamos, se podría recrear fácilmente incluso desde una aplicación para celular, pero que en aquel entonces fue un furor entre los espectadores. Ajustar la visión, buscar fallas, pensar estrategias y dejarse sorprender son acciones típicas de todo aquel que se quiera adentrar en el mundo de sus grabaciones.
¿Y la Gran Muralla China? ¿Cómo la atravesó? ¿La agujereó? No, no puede ser. ¿Había un doble? En su octavo especial, que apareció el 14 de marzo de 1986, pasó de un lado al otro de la estructura cuya longitud oficial supo ser de 21.196 km. Pero ese truco fue un detallecito al lado del escape de Alcatraz, también en marzo pero de 1987. La ilusión comenzaba con Copperfield dentro de una celda contoneándose de un lado al otro con el fin de quitarse una camisa de fuerza. Hacer eso ya era lo suficientemente complejo, pero luego se tenía que fugar. En esta oportunidad, la producción fue sensacional: todo un equipo de filmación se dispuso en virtud del espectáculo, con un despliegue de cámaras y actores bien entrenados; y momentos perfectamente coreografiados con la iluminación justa y unos efectos de sonido que fueron capaces de despertar las palpitaciones de los corazones en segundos. Y qué final: él escapando en un helicóptero. Los escépticos dirán que no fue cierto. Los pilotos dirán que para encenderlo apretó cualquier botón. Los creyentes diremos que fue cierto y que, además, sonrió al partir.
El proyecto mágico y su museo personal
“Project Magic” es una iniciativa de Copperfield y Julie DeJean, quienes en 1981 crearon una forma innovadora de ayudar a las personas con discapacidades durante su proceso de terapia a través de la magia. En 1982, la Asociación Estadounidense de Terapia Ocupacional (AOTA, por sus siglas en inglés) aprobó formalmente el proyecto, y desde ese entonces se ha establecido en casi todos los Estados de Norteamérica y en 30 países a nivel global. “A medida que alguien aprende la mecánica de una ilusión mágica, se siente motivado para aumentar la destreza física, las habilidades funcionales y la comunicación. Además, puede ayudar a mejorar la resolución de problemas, la capacidad de trabajar con números y otras habilidades cognitivas”, advierte el sitio web, que también contiene videos en donde se explican trucos simples y fáciles para que puedan ser recreados por aquellos que quieran experimentar con la disciplina.
Por otro lado, el ilusionista posee un museo personal dedicado al mundo de la magia en la ciudad de Las Vegas, Nevada. Es considerado el más importante del mundo ya que cuenta con los objetos, aparatos, libros y recuerdos más codiciados. Iniciado en 1991, cuando Copperfield compró la Biblioteca Mulholland de Conjuro y Artes Aliadas, el mismo posee aproximadamente 80.000 elementos entre los que se destacan la cámara de tortura acuática y el baúl de metamorfosis de Houdini, la sierra circular de Orson Welles y una autómata creada por el francés Robert-Houdin. Para ingresar, se debe atravesar una puerta secreta y no está abierto al público, ya que se accede por invitación y los recorridos están reservados para colegas y coleccionistas.
El juicio y el truco que malió sal
Año 2013. Gavin Cox, un exchef británico, disfrutaba de un show de Copperfield en un casino de Las Vegas. Pasó de participar en uno de los trucos del espectáculo a terminar internado con una lesión cerebral y varias heridas de gravedad, las cuales le costaron 400.000 euros en atención médica. Un accidente lo transformó de “público” a “paciente” durante el desarrollo de “Lucky 13”, una ilusión que consistía en hacer desaparecer del escenario a 13 personas escogidas al azar, quienes luego aparecían en la parte posterior del teatro. Mientras sucedía “la magia”, Cox cayó al suelo y se lastimó, por lo que no tardó en llevar la situación a juicio y reclamarle una indemnización millonaria. Finalmente, un jurado de Nevada sentenció que el mago fue negligente en la puesta en escena del artificio, pero no fue responsable de las heridas que sufrió la víctima, por lo que no tuvo que abonar ni un dólar.
“Los espectadores, en realidad, son conducidos por pasillos ocultos y oscuros desde el escenario hasta el lugar de aparición. Cox, de 58 años, se cayó en uno de esos rincones y se dislocó un hombro. Luego, según su demanda, se le descubrió una lesión cerebral, que achacó a la caída”, explicó el medio El País respecto del truco, y agregó: “El jurado cree que Copperfield fue negligente, porque su equipo no advirtió a los participantes de que tendrían que transitar por esos rincones oscuros, no se evaluó el estado físico y tampoco si llevaban calzado un adecuado. Eso hace que tanto el mago como el casino hayan sido calificados así, pero no son responsables del accidente y, por lo tanto, no tienen que pagar”. Lo cierto es que “Lucky 13” ha sido realizado durante más de 15 años y con más de 100.000 participantes. Sin embargo, en esa oportunidad, la ilusión se encontró cara a cara con el banquillo de los acusados
Pero, a todo esto, ¿en qué anda?
La buena noticia es que sigue haciendo shows en el Hollywood Theatre de Las Vegas. La mala es que los tickets de septiembre están agotados y se consiguen localidades recién a partir de octubre. La peor es que estamos atravesando una pandemia y no se puede salir del país. Pero tal como reseñó el sitio del Hotel MGM Grand: “Copperfield continúa confundiendo y deleitando al público con sus ilusiones increíbles e historias encantadoras. Experimentar un espectáculo de él es una prueba de que ‘la magia es tan vasta como la imaginación'». Otro sitio, menos entusiasta, explicó que: “Aunque los entendidos dicen que ya está mayor y que no ofrece la misma sensación que hace años, lo cierto es que, si nunca habéis visto actuar a este gran mago, no os podéis perder su actuación”.
Más allá del tiempo, de las distancias y de las adversidades, este artista pudo aprovechar su talento y desplegar un abanico de virtudes arriba del escenario que lo llevaron a convertirse en el mago estadounidense más famoso y mejor pago del mundo. Si bien no fue el primero, ya que entre alguno de sus predecesores se encuentran el escapista Houdini y el argentino René Lavand, especializado en cartomagia, quien explicó una y otra vez con una gracia magistral que «no se puede hacer más lento»; Copperfield supo aportarles espectacularidad a sus presentaciones, convirtiéndolas en piezas de entretenimiento de altísima producción. Ahora continúa trabajando en virtud de la ilusión y haciendo que los espectadores, incluso después de 50 años de trayectoria, todavía se pregunten: pero pará, ¿cómo hizo eso?

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