Seba Crismanich, a cinco años del oro olímpico: A mucha gente le sirvió para soñar

11 de agosto de 2017 | | Comentarios | 30 veces leído

Este jueves se cumple un lustro desde que el correntino se consagró campeón en Londres. Ya como exdeportista, habla de su nuevo rol en el deporte y de lo que esa medalla significó para él y para el taekwondo.

Sebastián Crismanich tiene mucho más de Corrientes que su tonada. Allá tiene su vida, que sigue atravesada por el taekwondo aunque una lesión lo haya retirado del alto rendimiento deportivo el año pasado. Allá se desarrolla su familia, esa que compone con su novia Melisa y su hijita Zamira (un año y dos meses).

Allá están sus padres y sus hermanos, sus juntadas con amigos, sus “escapes” hacia deportes acuáticos y su academia a través de la cual pretende brindarles oportunidades a los cientos de chicos que se reflejan en él. Allá preside la Federación provincial del deporte en el que se consagró campeón olímpico hace cinco años. Allá guarda esa medalla de oro que hizo que su vida diera un giro que le costó entender, pero que ahora aprovecha desde un nuevo rol.

A los 30 años, la agenda del correntino sigue tan apretada como cuando vivía en Córdoba y viajaba por el mundo canalizando sobre un tatami toda una vida dedicada al taekwondo que lo llevó a concretar su máximo sueño. Da clínicas y charlas para empresas, grupos de entrenamientos o municipios que también lo tienen de aquí para allá.

Y encabeza junto a su hermano Mauro una academia que tiene sede en la ciudad de Corrientes y en el interior de la provincia. Pero hay algo distinto en esa rutina. “Tengo la libertad de poder viajar o hacer actividades sin pensar en que me tengo que cuidar o descansar. Estoy más relajado mentalmente y disfruto de la familia, que es lo más importante de esta etapa”, aclara.

Pero Sebastián admite que el taekwondo “sigue siendo el eje” de su vida, ya que desde su regreso a Corrientes en 2013 tuvieron junto a Mauro la idea de “darle una oportunidad y desarrollar el deporte en esa zona”.

“Aunque yo me aboco más a la parte más dirigencial y Mauro a la docencia, también me pongo a entrenar con los chicos para que tengan un referente al lado y una motivación. No lo veo como un trabajo sino como una oportunidad de que otros puedan cumplir sus sueños también. Lo disfruto mucho”, avisa y reflexiona: “Si bien ya di un paso al costado como competidor, esta es la manera que hoy elijo para seguir cumpliendo objetivos”.

–¿Te cuesta ser un exdeportista?

–El duelo está hecho. Tuvo que ser así. La lesión (quiebre de tibia y peroné) me tuvo a mal traer y aunque volví a competir, ya mi cuerpo no era el mismo. Lo estaba castigando, estaba sufriendo mucho.

Siempre resaltaste la importancia que Carlos “Camau” Espínola (exregatista y medallista olímpico correntino) tuvo un tu vida. ¿Te ves siguiendo sus pasos en la política?

–Lo que hoy hago es justamente porque recuerdo que cuando tenía 8 años “Camau” dio una charla en nuestra academia, nos habló de lo que sentía al ser un deportista olímpico, un medallista. Y a mí eso me cambió la vida. Me puse como sueño y objetivo convertirme en esa persona. Hoy, ya más grande y habiendo dejado el deporte de lado, me veo trabajando en algún programa desde la dirigencia, y de hecho me estoy formando. Desde ese rol también puedo hacer mucho y trascender la frontera de mi deporte. Pero no está en mis planes ser intendente o gobernador. Sí creo que desde un espacio político se puede hacer mucho por la sociedad a través del deporte.

Un lustro después

El 10 de agosto de 2012, Crismanich venció en la final de la categoría -80 kilos al español Nicolás García Hemme y se consagró campeón olímpico. Aunque llegó a Londres precedido del oro obtenido en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, semejante hazaña lo sorprendió hasta a él.

“No estoy pendiente de la fecha, no porque no le dé valor a lo que fue o lo que siento, sino porque trato de minimizarlo. Fueron prácticamente 22 años de carrera y hay cosas que causan mucha nostalgia. Y surgen estos momentos, estas charlas tan lindas, que te hacen pensar en todo eso. Yo trato de escaparle a esos pensamientos porque me conmueven. Es algo muy grande, muy grosso, muy difícil de explicar el significado que tiene para mí”.

–¿Qué recordás de aquel día?

–Todo. Pero lo que me se sigue conmoviendo son las sensaciones tan encontradas que tuve durante el Himno. El modo en que me conmovió ese día fue lo más excitante y loco que he vivido y dudo que haya otro momento, al menos que venga por el lado de mi hija, que pueda vivir de esa manera. Me reía y lloraba, me mareaba, me temblaban las piernas, perdía el foco, no podía cantar… estaba anulado. Creo que es el momento que busqué durante 30 años y de repente, al estar viviéndolo, pasás de sentir mucha felicidad a tener miedo de que sea un sueño y se termine.

–¿Creés que tu logro estuvo bien aprovechado?

–En algunos aspectos se aprovechó y en otros no. Tuvo un impacto importantísimo, con un 70 por ciento de aumento de la población que practica taekwondo. Hoy Argentina tiene unos 45 mil federados y hay muchos chicos que llegan al alto rendimiento que dicen que fui su inspiración para poder hacerlo, para ir por algo grande. Esas son las cuestiones que me demuestran que a mucha gente le sirvió para soñar y aferrarse a algo. Eso me enorgullece y es un valor agregado que tiene la medalla.

–¿Y en qué no se aprovechó?

–Tal vez no se aprovechó marketineramente, o la Federación no la canalizó de la mejor manera. Es un deporte que no tenía desarrollo a nivel dirigencial y estructura en el país. Por eso creo que lo que pasó fue lo mismo que a todos, incluso a mí, porque yo estando en Londres no me imaginé que iba a volver a Argentina y todo iba a cambiar y me iba a volver un ícono del deporte. Encontrarme con esa realidad me chocó y me ahogó por algunos meses hasta que después aprendí a canalizar todo lo que venía pasando. La Federación también se ahogó en ese sentido. Pasó así. Y sucede en otros deportes. No hubo mala intención.

–¿Te cambió la medalla?

“El hecho de poder cumplir tu sueño, de acostarte y saber que te convertiste y sos lo que siempre buscaste te hace dar cuenta que podés enfrentar cualquier desafío y tener la seguridad de que lo vas a concretar porque ya pudiste hacer algo muy importante que muy poca gente puede hacer. De repente, te volvés una persona con voz y voto, que se hace más respetado. Y trato de que eso juegue para el bien de las generaciones que vienen. Es una mochila de responsabilidades que uno lleva, pero que lo hace con mucho orgullo.

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