“La PrEP es ampliamente conocida y funciona muy bien”

30 de diciembre de 2018 | | Comentarios | 260 veces leído

Entre las estrategias que se están implementando para hacer frente al VIH, hay una que está demostrando una gran eficacia. Se trata de la profilaxis previa a la exposición, también conocida como PrEP. Es una pastilla que contiene emtricitabina y tenofovir, dos drogas que también se emplean en los antirretrovirales porque consiguen reducir la cantidad del virus en la sangre y le impiden multiplicarse.

Ciudades como Londres, San Francisco y Nueva York registran cada vez un menor número de nuevos contagios de VIH y los expertos atribuyen gran parte de este logro al uso de esta pastilla.

Si se toma a diario, la PrEP reduce en más del 90 por ciento la posibilidad de contraer el VIH a través de relaciones sexuales o en un 70 por ciento por el uso de agujas no esterilizadas o utilizadas por múltiples personas, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés).

Desde 2012 un laboratorio norteamericano la comercializa con la marca Truvada. Y, tres años después, la Organización Mundial de la Salud (OMS) comenzó a recomendar su uso para prevenir el VIH entre los colectivos con alto riesgo de contraerlo, como los homosexuales, los hombres bisexuales y sus parejas femeninas, los trabajadores sexuales o las parejas de alguien infectado con este virus.

Omar Sued, director técnico de la Fundación Huésped, explicó: “La PrEP es ampliamente conocida, está aprobada y funciona muy bien. Nosotros, desde la Fundación, estamos impulsando que el Gobierno la incluya en la lucha contra el VIH”.

–¿Y por qué todavía no está incluida?

–Se habla mucho del costo que tiene, es uno de los argumentos de los que no quieren que el Estado se haga cargo. Pero es una falacia. La pastilla cuesta 17.000 pesos por mes si uno la compra en farmacias, 4000 si la consigue a través de una obra social y 700 si la provee el Estado. Por eso es importante la participación estatal. Es más barata que tratar a una persona infectada.

–¿Cómo funciona?

–Tiene emtricitabina y tenofivir, dos drogas que impiden que el virus colonice el cuerpo y se reproduzca. Esas drogas se usan también, junto con otras, en los tratamientos para controlar la infección por VIH en las personas que ya la tienen.

–¿La puede usar cualquiera?

–No. Hay restricciones. La primera condición es que la persona no esté infectada. La PrEP previene, no cura.

–¿Por qué no sirve en personas infectadas?

–Porque al ser un tratamiento “incompleto” (usa sólo dos de los conjuntos de tres drogas que integran el tratamiento completo) es ineficaz para combatir la infección y, lo que es más grave, genera resistencia a esas drogas. Entonces después no le sirven a esa persona para tratar su infección.

–¿Y cuáles son las otras condiciones para poder usarla?

–Otra condición es que forme parte de una estrategia de profilaxis y cuidado. El usuario de PrEP debe controlar periódicamente que no se infectó. Y tampoco es cuestión de que todo el mundo empiece a usarla, está destinada a los grupos que tienen más probabilidades de infectarse. Y lo ideal es usarla en un contexto de medidas de prevención: uso de profilácticos, no compartir jeringas, etcétera. La pastilla sirve, por ejemplo, si el profiláctico se rompe. Se supone que es raro que pase. Pero un trabajador sexual, que tiene relaciones con cincuenta personas por semana, tiene un alto riesgo de que en alguna oportunidad se le rompa.

–Usted decía que hay grupos que se oponen a esta pastilla.

–La oposición es en algunos casos por cuestiones morales. Cosas como que el Estado no puede gastar plata en esto si hay chicos que necesitan leche.

–Una enorme tontería. El Estado debe proveer la leche necesaria y también lo necesario para combatir la propagación del VIH.

–Claro. Es un argumento mentiroso, como los grupos que decían que no había que legalizar el aborto sino desarrollar la ESI, y ahora se oponen a la ESI. Son grupos que pretenden castigar ciertas prácticas sexuales y ciertos placeres.

–¿Sólo se oponen estos grupos tan reaccionarios?

–No, también hay oposición de parte de algunos grupos de personas viviendo con virus.

–¿En serio? ¡Qué raro!

–Sí, uno supondría que apoyarían cualquier iniciativa para que no se contagie más gente, pero no. El argumento es que en lugar de la PrEP hay que desarrollar más las campañas para el uso del profiláctico (acá también hay que hacer las dos cosas, no se oponen). Y otros temen que si se incentiva el uso de esta pastilla, sea en desmedro de los recursos que se destinan a combatir la infección.

–No parecen argumentos atendibles.

–No lo son.

–Se habla de efectos adversos, como problemas renales, hepáticos…

–La PrEP es un medicamento y, como todos, puede provocar problemas. Pero basta con leer el prospecto de cualquiera y veremos que todos son potencialmente peligrosos. Pero, para que tengamos una idea de la potencial peligrosidad, tengamos en cuenta que la OMS no aconseja ningún seguimiento específico para los usuarios que no tengan antecedentes de enfermedades hepáticas o renales.

–Parece menos peligrosa para los riñones que el diclofenac…

–Claro que sí. Por supuesto, hay que tomarla según prescripción y con control médico.

–¿En la Argentina se está usando?

–Sí. Por eso impulsamos la participación del Estado, para abaratar los costos y que se pueda conseguir por obra social o con provisión estatal. Hay un chico que presentó una cautelar y por ahora, hasta que se resuelva el tema de fondo, OSDE debe proveérsela. Con la Fundación formamos parte de un consorcio internacional de investigación, entre otras cosas para ver formas de administración. En Francia demostraron que puede no ser necesario tomar una pastilla todos los días y en otros lugares están viendo la posibilidad de una presentación inyectable, cada dos meses.

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