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domingo 27 de noviembre de 2022

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El Negro Alvarez: “Nunca necesité de la televisión”

Icono del humor cordobés, cuenta que fue ciruja, ladrón y que sufrió un simulacro de fusilamiento durante la dictadura. Por eso, dice que la pelea mediática con Mariano Iúdica en Carlos Paz es tan insignificante como pinchar una aceituna.
Erase una vez un ciruja que fue rey de Córdoba. Que en su bolsa de arpillera cargaba cartón, vidrio, bronce y un catálogo invisible de chistes. De la basura aprendió el arte del humor, eso de asignarle un valor a lo que otros desecharían. Carlos “El Negro” Alvarez es hoy uno de los hombres más nombrados del verano, pero antes que rival de Mariano Iúdica ha transitado un camino de película. Estudiante de abogacía, ladrón de frutas, vendedor de Panteras Rosa, de autos, de Coca Cola en el estadio de Belgrano, de publicidad y bijouterie, boxeador en peleas arregladas, cantante folclórico y humorista.

“No soy un tipo prensero, por eso me afectaron los dichos de Iúdica”, avisa. “Dijo que armé esto por prensa y yo lo que hice fue saltar por la burrada que dijo de que el espectador de Córdoba está cansado de espectáculos con borrachos, una cortina, y mujeres rengas y putas. Una cosa horrorosa. Yo trabajé acá cuando los teatros eran baldíos. Por eso no me gustan que vengan con aires de colonizadores a pensar que los que estuvieron antes no sirvieron pa’ nada”.

Recién levantado de su doble función de Los locos Grimaldi, “El Negro” (68 años) invita a un restaurante de campo con más de 500 vinos colgantes, pero bebe limonada. Entre bifecitos de cuadril que chorrean sangre, va destilando una vida “medio secreta en la que los medios no reparan”.

Nació en Villa Dolores y antes de hacer reír algunos dolores conoció. A sus 16 años, su padre, abogado camarista del crimen, murió de un infarto en sus brazos. Al Negro -que en 2002 también sufriría un infarto-, se le dio por “la rebeldía” de la música con el Dúo Argentino. “Empezamos a hacer humor porque no nos contrataban. Yo fui un busca, he sido ladrón de chico. Le robaba a mi papá para comprar juguetes, lo bolsilleaba. A mi mamá le pegaba abrazos y le sacaba plata del delantal. Mi viejo no sabía que yo era ciruja y un día me vio todo mugriento y se armó. Tuve que dejar. Después, con un amigo vendíamos tomates, zapallo, todo lo que había en la quinta de mi tía. Salíamos en un sulky hasta que vino el verdulero del pueblo y nos acusó de reventarle el mercado”.

Un camino raro hasta la universidad. Dicen que en algunas facultades hoy usan tus discos…

¡En la Universidad de Córdoba usan mis casetes para hablar del idioma! Yo en mi programa de radio decía ‘Hola oyencia’, no decía audiencia. En algún momento me acusaban de distorsionar el idioma, y un profesor dijo, al contrario. Si alguien me escucha una palabra mal dicha, se da cuenta automáticamente y eso es certificar el lenguaje.

Explotaste mediáticamente este año en Carlos Paz. ¿Te cansaste del bajo perfil?

¡No! Siempre yo he saltado por los actores. No me gusta que para hablar bien de su espectáculo, Mansión imposible, el señor hable mal de los demás y sea un colonizador que viene a Carlos Paz a mejorar todo, cuando acá ha habido mucha gente mejor que ya vino. Acá Susana Giménez hizo La mujer del año, con Ricardo Darín y Arturo Puig. ¡Nunca los escuché a ellos decir ‘Venimos a cambiar el teatro, después de nosotros empieza una historia’!. Es horrible denigrar. Me revienta.

¿Cuánto falta para la foto de reconciliación?

No la quiero. Quisieron darlo vuelta diciendo que yo hablaba por la cuestión de la boletería. Yo nunca hablo de la boletería. Hemos hecho temporada con Cacho Buenaventura donde hemos metido 70 mil personas y nadie nos hizo una nota. Venían los medios de Buenos Aires y le hacían nota a nuestra bailarina, que estaba en el

Bailando…¿Entonces el enojo te dio una visibilidad merecida?

No, gracias a Dios nuestro negocio trabajaba excelente antes. Nunca necesité de la televisión. A mí no me mandó Nazarena (Vélez) ni nadie a decir esto. Soy un tipo libre, el público me hizo libre, es condescendiente conmigo. Me he bajado de espectáculos y no he ido a programas de TV y no he aceptado cosas. Nadie me maneja.

En la obra ingresás en zona de riesgo: decís sobre los saqueos en Córdoba que “la Argentina es el único país del mundo en el que los negros comen plasma”…

Lo criticaron, pero no es un chiste. Es una denuncia.

¿No creés que cruzar cierto límite te puede perjudicar artísticamente?

En el humor si tenés prejuicio, fuiste. Estoy acostumbrado a que algunas cosas que digo no gusten. En la época de la Triple A, nos pedían que mostráramos las letras de las canciones. Casi nos agarran de las mechas en un Festival de Jesús María. Me salvó el cónsul de Bélgica. Hoy le contaba a Nazarena lo que pasé. Hasta me hicieron un simulacro de fusilamiento. Por eso, esa pavada de la pelea no tiene importancia. Insignificante como pinchar una aceituna.

¿Simulacro de fusilamiento?

Si, jamás lo conté. La primera vez que lo cuento. No quería que creyeran que utilizaba el tema. Yo cantaba en el Dúo argentino. Grabamos un long play. Córdoba ardía. Hacíamos espectáculos con canciones de protesta y un espectáculo llamado Vamos a la luz, con libro de Armando Tejada Gómez. Allanaron mi casa e hicieron un simulacro de fusilamiento, porque encontraron el uniforme de un amigo que vivía conmigo. Cuando abrieron el placard había un uniforme de la aviación y me empezaron a pegar. El había hecho el servicio militar, se casó y olvidó el uniforme en casa. Los militares me llevaron a donde él vivía, rodearon la casa en un operativo. 1976. Me salvó la conexión con alguien. Mis libros y discos eran Pablo Milanés, Silvio Rodríguez. Escucharlos era como tener una bomba.

¿Y el humor te salvó de qué?

No sé, capaz me moría de hambre por vago, pero Dios me tocó. Mi hermana que es psicóloga, dice que tengo humor esquizofrénico.

¿Por qué?

Qué sé yo, la psicóloga es ella. Yo sé que pinto al negro de Córdoba. Como ese cuento en que uno le pregunta al otro ¿Sabés la diferencia entre una cortina y un rollo de papel? ‘No’. ‘Entonces fuiste vos’.

¿Te imaginás trabajando en abril con Tinelli?

Creo que no me va a querer convocar. Nunca fui a buscar trabajo a la tele. Cuando aparecí fue porque me contrataron. Nunca fui ni a pedir una nota. Vivo perfectamente sin la tele. La última vez fue Café fashion, gran programa. Yo salgo por los pueblos, grabo discos de humor, tengo 30, y estoy escribiendo un libro con todas las que viví. Me lo están escribiendo, porque soy un sorete pa’ las comas. Yo no me llamo artista, me llamo humorista. Cualquiera que sube al escenario dice ‘Nosotros los artistas’. Artista es un piso más arriba. Yo agradezco al ciruja que fui.

¿Qué te quedó de ese ciruja?

La idea de que hay que trabajar y con alegría. Admiro profundamente a los que recolectan la basura, un trabajo durísimo, y mantienen la risa. Van cantando, silbando entre la mugre.