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martes 9 de agosto de 2022

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«Falta que todos digamos la verdad sobre los años 70»

Corría agosto de 1974. El primer día del mes anterior Juan Domingo Perón había muerto en pleno ejercicio de la presidencia. El país estaba asolado por la violencia. La noche del 10 de agosto una compañía del Ejercito Revolucionario del Pueblo -llamada «Decididos de Córdoba»- irrumpió en la fábrica militar de Villa María, en la provincia mediterránea.

Los guerrilleros del ERP tomaron un hotel alojamiento como base de operaciones y desde allí dirigieron el copamiento del cuartel cordobés. En la retirada se llevaron gran cantidad de armas y también secuestraron al mayor Argentino del Valle Larrabure, subdirector de la fábrica de pólvora y explosivos. A partir de allí comenzó un suplicio para el militar y para su familia.

El cuerpo sin vida de Larrabure apareció más de un año después -el 19 de agosto de 1975- en Rosario, lejos del lugar donde había sido secuestrado. Ascendido a Coronel post mortem, Larrabure estuvo en una «Cárcel del Pueblo». En el medio quedaron los intentos, infructuosos, del ERP para que Larrabure colabore con sus pretensiones, y los intentos de canje con el Ejército por guerrilleros detenidos. Finalmente, lo asesinaron.

Uno de sus hijos, Arturo Cirilo Larrabure, habló con InfobaeTV. Recordó el dolor de aquellos años, pidió que todos digan «la verdad sobre los años 70», al tiempo que consideró necesario «sanar y cicatrizar las heridas de una vez».

Larrabure (h) tenía 15 años en 1974. La noche del copamiento se celebraba una fiesta en el casino de oficiales del cuartel, pero su padre le dijo que vaya luego de la cena. Nunca llegó a ir. Los balazos por doquier no le permitieron salir de la casa. Más tarde se enteró por su madre que los guerrilleros se habían llevado a su padre.

«Fue un combate terrible. Con la luz apagada me moví por la casa para llegar a las ventanas y ver lo que pasaba. No entendía nada. Si bien habíamos visto lo sucedido en Azul en enero del 74 (el ataque al cuartel de esa localidad bonaerense) jamás hubiera pensado en que nos iba a tocar esta tragedia», rememoró.

En su relato, Larrabure recordó que los guerrilleros habían intentado secuestrar también a otro militar durante el copamiento de Villa María -al capitán Adolfo García-, pero desistieron de hacerlo y lo abandonaron creyendo que había muerto, producto de graves heridas por los disparos recibidos.

Mientras duró el cautiverio, el militar secuestrado mantuvo contacto con su familia a través de cartas, que de a poco hacían presagiar el final. «Aunque suceda la peor no deben odiar a nadie y devolver la bofetada poniendo la otra mejilla», escribió en una de ellas, en octubre del 74, recordó su hijo.

En cuanto a la situación judicial, Larrabure explicó que un fiscal general de Santa Fe, Claudio Marcelo Palacín, sostuvo en octubre de 2007 que la muerte de su padre fue «un delito de lesa humanidad y un crimen de guerra». Desde aquella resolución pasaron siete años. «La Justicia para algunas cosas funciona muy lenta y para otras muy rápido y con mucha parcialidad», lamentó.

Finalmente, Larrabure hizo alusión a las diferencias que aún persisten después de tantos años de aquella época violenta. «El perdón es un tema amplio, eso no se maneja con indultos y amnistías. Las heridas siguen abiertas, si no las cicatrizamos de una una buena vez y no sanamos, no podemos mirar para adelante», señaló.

Consultado sobre la aparición del nieto de Estela de Carlotto, dijo sentir «una profunda alegría» y pidió que «todos los que sepan algo de los 70 lo digan». «Falta que todos digamos la verdad sobre los 70. Estos nietos tienen que estar con los abuelos que realmente son y también sabemos que hay presos militares que tendrían que tener prisión domiciliaria y están en cárceles comunes, siendo muy maltratados», concluyó.

Charla con Fernández Meijide

Larrabure participó en Santa Fe, junto a Graciela Fernández Meijide, de una exposición titulada «¿Es posible un nuevo inicio tras la violencia?», en el marco de la Muestra Bicentenario y Cultura del encuentro. Reconocida militante por los Derechos Humanos, Fernández Meijide tiene un hijo desaparecido. Durante la charla, concidió con Larrabure y pidió que «cada uno desde su lugar dé el testimonio de lo que pasó».

«Un país se reconcilia cuando construye un presente y un futuro, que vaya haciendo que el país crezca armoniosamente y con equidad. Ahí hay reconciliación», sostuvo Fernández Meijide en esa oportunidad.