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lunes 8 de agosto de 2022

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José Mujica habla por primera vez de por qué nunca tuvo hijos

En una entrevista íntima, el presidente de Uruguay detalla aspectos desconocidos de su vida y habla de la relación con su mujer, la senadora Topolansky: «Lucía es un hallazgo»
Siguiendo un camino polvoriento, se llega a una finca simple y pequeña a las afueras de Montevideo, donde viven el presidente uruguayo José Mujica y su mujer, la también ex guerrillera Lucía Topolansky, con Manuela, la ya famosa perra de tres patas.

«¿Se arrepiente de no haber tenido hijos?», le preguntó el periodista de AFP. «Sí, lo lamento. Me dediqué a cambiar el mundo y se me fue el tiempo», revela el presidente de 79 años, quien se encuentra ya casi al final de su mandato (2010-2015). Mucho se habló de la posibilidad de adoptar cuando deje el puesto, pero nunca antes había dicho por qué no había tenido descendencia propia.

Aunque sólo llevan más de cinco años casados, empezaron a salir poco antes de que él cayera preso por segunda vez en 1972. Mujica no volvió a ver la luz hasta 1985. Pocas horas después, estaba militando de nuevo y se reencontraba con Lucía Topolansky. En esa época, el actual mandatario ya tenía 50 años y la primera dama, 40.

En una sala minúscula, con pocos adornos -todos regalos, dice él-, hay una foto en blanco y negro de una mujer joven con vestido. «Es Lucía», aclara el presidente y sonríe.

Cuando se le pregunta cómo es la vida en común de dos políticos (ambos del gobernante Frente Amplio) que se iniciaron en la lucha armada y terminaron presos, contesta que es una «dulce» costumbre. «Hablamos de política, de otras cosas, miramos fútbol, somos compañeros, somos amigos», cuenta este hombre, que ha repetido en múltiples ocasiones que la «única adicción válida es el amor».

Admite que a veces puede ser complicado: «Se producen muchos cortocircuitos cuando no estás sintonizado en los mismos temas». Pero aclara: «Nosotros somos viejos militantes y estamos adaptados».

«¿Se apoyaron psicológicamente?», pregunta AFP. «Sí, creo que sí. Y encajamos, pero ella es mucho más ordenada, (tiene) más cultura del hogar que yo. Tiene una arquitecta frustrada, vive siempre organizando cositas. Me ha hecho la vida posible», afirma.

Este presidente singular nació en un barrio obrero de la capital de Uruguay. A los siete años, perdió a su padre. Fue el «comandante Facundo» durante sus años de guerrillero en el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, estuvo dos veces preso y tiene seis heridas de bala en su cuerpo.

«Lucía vive tapando los agujeros, organizando. De vez en cuando, se hace tiempo para cocinar una pizzita, hay una cara femenina del acontecer que si no existe, estamos perdidos», refiere.

No cabe duda de que Lucía es la que ordena y limpia su pequeña casa -no tiene más que unos 45 m2- con un techo de zinc verde en el Rincón del Cerro.

Se niega a tener empleados. «Si me pongo en presidente, tengo que tener tres o cuatro sirvientas que me atiendan. No me puedo levantar de noche en calzoncillos para ir al baño, porque todo es complicado».

A lo lejos resuena una lavarropas y, en la sala, la leña tragada por el fuego.

«No somos iguales, somos complementarios», dispara Mujica. «Hay una visión femenina y una visión masculina, y la más difícil de sustituir es la femenina. He visto mujeres solas que viven decentemente. Hombres solos que viven decentemente es prácticamente imposible», agrega.

El mandatario ha reconocido que su madre, Lucy Cordano, fue una especie de mentora política. Según el libro Comandante Facundo, de Walter Pernas, ella siempre supo que su hijo iba a ser presidente.

«Mi padre se murió a mis siete años, y soy hijo de una doña muy dura, muy fuerte», narra.

«Tal vez haya quedado medio traumatizado con la figura femenina. Figura femenina que agarraba una bolsa de 50 kilos de portland (cemento) y se la ponía abajo del brazo», bromea.

¿Es Lucía así de fuerte? «No, Lucía es delicada, es otra cosa», responde y se queda pensando. «Fue un hallazgo que en una etapa de la vida nos encontráramos», insiste.