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jueves 1 de diciembre de 2022

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La otra Elba: la ganadora de MasterChef atiende en una unidad sanitaria

Su consagración en el reality de cocina no la alejó de su otra gran pasión: la salud. La estudiante de enfermería pasa las noches de los fines de semana con la chaqueta blanca, recibiendo pacientes.Con 24 años Elba Rodríguez llegó a la fama de la mano de MasterChef, el reality de cocineros de Telefe que ganó el mes pasado. Pero su vida tiene un lado B, el de la Elba que su familia y sus amigos conocen más que los televidentes..

Pocos saben que ella trabaja sábados, domingos y feriados en la Unidad de Pronta Atención (UPA) Avellaneda, un centro de salud a mitad de camino entre una salita sanitaria y un hospital, moderno, bien equipado y especializado en emergencia.

Cuando abrió la UPA de Avellaneda, Elba, que tenía 21 años, se anotó como administrativa. Eligió el área de admisión, así que es la primera persona que atiende cuando se llega.

«Me gusta el contacto con la gente y para atender a los enfermos hay que tener un carácter positivo», dice ella.

Le tocó trabajar de noche los sábados, domingos y feriados. No se lamentó, al contrario, porque para ella «quejarse es perder el tiempo y el tiempo es algo muy valioso».
En una final que Mariano Peluffo calificó cientos de veces de «electrizante» ganó, el 27 de julio pasado, 250 mil pesos, una beca en una prestigiosa escuela de cocineros y la edición de un libro con sus recetas. Sin embargo, ella dice que seguirá trabajando en la UPA Avellaneda que atiende unos 7.000 pacientes por mes, casi 4.000 mil, chicos. Asegura que seguirá estudiando enfermería, como lo hicieron sus dos hermanos mayores, que ya se recibieron y trabajan de eso.

«Estamos muy orgullosos de contar con Elba que, de algún modo, representa a muchos trabajadores anónimos que engrandecen la salud pública de la Provincia. Y todos sabemos que el recurso humano es lo más importante que podemos ofrecer a quienes están enfermos», dice el ministro de Salud de la Provincia, Alejandro Collia, que a raíz de la difusión mediática del reality conoció a Elba y la llamó para felicitarla.

Si Elba hiciera todo lo que le piden sus compañeros de la UPA Avellaneda no podría atender a ningún paciente: estofado de conejo, sopa de maní, tortas caseras, lasagna. Le piden al paso, como si fuera un restó ambulante y ella dice que sí a todo.

«Ya nos hizo arroz con pollo y varias tortas, es una grosa», cuanta Juliana, una de sus compañeras del sector admisión. Cuando ve cámaras y periodistas para entrevistar a su compañera se agita, quiere hablar, no tanto por afán de protagonismo sino más bien porque quiere decir cuánto admira a Elba al punto que se le llenan los ojos de lágrimas: «Es del otro mundo: yo llego los lunes a las 7 de la mañana y ella estuvo despierta toda la noche atendiendo ¿Podés creer que te hace chistes? Tiene un humor envidiable y si te descuidás, antes de irse te hace una torta».

A Elba le enseñó a cocinar su mamá. Desde los 9 años tuvo que hacerse cargo de la cena familiar porque sus padres trabajaban. Pronto le tomó el gustito al asunto y su madre asumió que la habían destronado porque ahora la cocina era el reino de su hija menor. Por eso este año le insistió para que vaya a la tele.

«Cuando me dijeron que convocaban para Masterchef pensé que era para gente que había estudiado cocina, eso me dio un poco de rechazo», confiesa ahora. Pero después supo que era un concurso amateur y se anotó.

Dice que no pensaba ni remotamente en llegar a la final. Pero fue más allá. Y encima, era la candidata del pueblo. En foros y redes sociales se ponderaba su sencillez, su humildad, su sensibilidad y la buena mano para cocinar. A tal punto que algunos sintieron que el triunfo de Elba reivindicaba al país tras la derrota en el Mundial. Basta con ver un fotomontaje en el que Mascherano parece decirle a Elba: «Hoy te convertís en héroe».

«Me parece que les gustó que yo no renegara, renegar no sirve de nada, te oscurece el alma», explica. Cuando se le pide un secreto culinario revela que en cada plato hay que arriesgar algo, jugar con los condimentos y tener siempre a mano la nuez moscada. A la hora de los consejos responde: «La primera vez que hacés algo no te sale del todo bien, pero hay que seguir, no bajar los brazos». Eso es útil para la cocina y para la vida.