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domingo 3 de julio de 2022

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¿Puede la ciencia probar que Dios no existe?

Un astrófísico jesuita sostiene que el conocimiento científico no ha logrado explicar el origen del universo, y que fue «un ajuste externo» el que hizo posible la existencia humana en la tierra. No hay vida extraterrestre, afirma.-
Ciencia y fe han sido por lo general consideradas como mundos paralelos sin punto de contacto entre sí, cuando no como verdades incompatibles o irreconciliables.

El jesuita español Manuel Carreira reúne en su persona al científico y al sacerdote; es astrofísico (máster en la John Carroll University de Cleveland) y durante 15 años integró la junta directiva del Observatorio Vaticano. Asesoró y colaboró en varios proyectos de la NASA y ha sido profesor en varias universidades de los Estados Unidos y de España.
Para Carreira –un apasionado de la astronomía, a la que llama «la poesía de la ciencia»- ciencia y fe no son incompatibles ni opuestas, sino que cada una tiene un modo diferente de conocer y un campo distinto de estudio. Critica con dureza la pretensión de los científicos de exceder su ámbito –el estudio de las transformaciones de la materia- y pontificar sobre cosas que no pueden ser conocidas a través de la experimentación.

Carreira pone como ejemplo de estos excesos, la pretensión «científica» de explicar hasta las emociones o la creación artística a partir de combinaciones químicas en el organismo. Del mismo modo, considera inaceptable y hasta lamentable que aquello que la ciencia no logra explicar –el origen del universo- lo atribuya al «caos» o al «azar».

En un debate coordinado por el periodista y escritor español Juan Manuel de Prado, para su programa Lágrimas en la lluvia (nombre tomado del monólogo final del film Blade Runner) el padre Carreira expuso, de modo tajante y muy polémico, su punto de vista sobre estos temas.

Reproducimos aquí dos extractos de la imperdible exposición de este teólogo jesuita (al final de la nota, puede leerse la transcripción). En el primer video, el padre Carreira afirma que «la fe humana es el único camino por el cual podemos conocer el pasado» y «aprovechar el conocimiento adquirido por nuestros antepasados». «El cristianismo no es una mitología», sino una verdad transmitida por testigos de fe. Y critica el argumento de Stephen Hawking de que «de la nada» sale una infinitud de universos.

En esta segunda parte, Carreira se refiere a la posibilidad de la existencia de vida extraterrestre. Es un convencido de que quienes insisten en afirmar que hay otros mundos –análogos al terrestre- en el fondo desean «rebajar la dignidad humana», afirmando de modo indirecto que «no somos nada especial». Y a continuación, sostiene que la misma física ha demostrado que una mínima modificación de las condiciones iniciales del universo –en el momento del big bang- hubiera hecho imposible la vida en la Tierra. Esto, sostiene, es la prueba de la existencia de un ajuste externo de esas condiciones que hizo posible la existencia humana en nuestro planeta.
En este razonamiento, se apoya en el físico estadounidense John Weehler (1911-2008), quien desarrolló el llamado principio antrópico: «No es únicamente que el hombre esté adaptado al universo. El universo está adaptado al hombre. ¿Imagina un universo en el cual una u otra de las constantes físicas fundamentales [se alterase] en un pequeño porcentaje? En tal universo el hombre nunca hubiera existido. (…) Según este principio (antrópico), en el centro de toda la maquinaria y diseño del mundo subyace un factor dador-de-vida».

A continuación, la transcripción de lo expuesto por el padre Manuel Carreira:

La fe humana es el único camino por el cual podemos conocer el pasado y la que permite que nosotros ahora aprovechemos todo lo que hizo la humanidad con los genios más valiosos a lo largo de su historia. Por esta fe humana adquiero certeza en contra de mi experiencia y en cosas que no entiendo. Por ejemplo: por mi experiencia yo diría que mi mano es sólida y esta silla también. Por la teoría atómica sé que no es así. Creo a la teoría atómica, no creo a mi experiencia. De modo que la fe humana me da la mayor parte de mi conocimiento y me da certeza aún en contra de mi experiencia y en cosas que no entiendo.

Por fe humana debo saber si de hecho se ha dado una comunicación de verdades que vienen directamente de Dios y eso es el fundamento del cristianismo. El cristianismo no es una mitología, no es una filosofía; es el hecho histórico, atestiguado por testigos dignos de fe, de que Cristo existió, de que demostró ser Dios con sus milagros y de que se transmite la enseñanza infaliblemente porque Él prometió que haría lo necesario para que no se trastocase esa enseñanza estableciendo una Iglesia con ayuda constante de un Espíritu Santo divino que la libra de error.

Todo esto se basa en el testimonio de los apóstoles que dieron su vida por ese testimonio. De modo que tengo el mismo modo de conocer por el que en un juicio criminal se dice que una persona es culpable o no. Por testigos dignos de fe.

(Pero) la revelación divina no va a ser para librarme del trabajo de estudiar ciencia. No va a decirme nada de ciencia. Me dirá algo importantísimo, mucho más: cuál es la relación de mi existencia con Dios y cuál es mi destino eterno y eso, como no puede jamás someterse a una prueba de laboratorio queda totalmente fuera del ámbito de la ciencia.

Steven Weinberg, premio Nobel (de Física), tiene un libro que se titula Los tres primeros minutos, que habla del origen del universo y su evolución. El último párrafo del libro es verdaderamente desolador, dice textualmente: «Cuanto más conocemos el universo, mas absurdo parece».
Porque (dice Weinberg) es absurdo que haya un universo tan lleno de maravillas y de hermosura para luego destruirlo todo y la ciencia no me da alternativa. Se puede calcular cuándo ya no brillará ninguna estrella, cuando el universo será una inmensa burbuja de vacío, oscuridad y frío, entonces ¿para qué todo? Y como (Weinberg) no tiene otra respuesta dice: «El universo es absurdo». Y otro astrofísico decía: «El universo parece ser una broma de mal gusto». Si uno no ve nada más que lo que hace la materia, el universo es absurdo.

Hay que dar una explicación coherente, de que hay una conexión lógica entre la causa que se propone como explicación y el efecto que se quiere explicar Y hoy está muy de moda el olvidarse de este límite del razonamiento. ¿Por qué ocurre tal cosa? Porque sí. ¿Por qué existe el universo? Porque sí. ¿Por qué aparece la vida? Porque sí. Como eso suena muy mal, dicen: «por azar».

¿Es el azar una fuerza física? No. ¿Puede usted hacer un experimento para medir azar? No. ¿Puede usted exponer azar en una ecuación? No. ¿Es el azar una propiedad de la materia? No. El azar es sólo una manera de tratar de establecer una relación causal o lógica entre cosas que no la tienen.

Pues esto hoy está muy de moda. Así lo dice también Stephen Hawkins cuando dice que por azar, de la nada, sale una infinitud de universos.

Hay el peligro de querer decir de una manera que es totalmente acientífica que lo que vemos es un Universo de una infinitud de universos, porque se toma como base lógica algo que es totalmente absurdo, y es que todo aquello que matemáticamente puede ocurrir tiene que ocurrir de hecho. Veo esto mucho acerca de las discusiones sobre la vida afuera de la tierra.

Me preguntan: ¿Es posible que haya otro planeta con vida inteligente? Según las leyes físicas sí, es posible. Entonces es probable que lo haya, porque hay tantísimos astros por ahí, y si es probable, entonces lo hay.

Y yo digo bueno vamos a hacer un experimento muy sencillo. ¿Es posible según las leyes de la física que si yo dejo caer este bolígrafo sobre la mesa se quede sobre la puntita derecho? Sí, es posible, según las leyes de la física. ¿Es probable, aunque usted lo deje caer un millón de veces que ocurra por lo menos una vez? No. ¿Es cierto que va a ocurrir? No, no y no. De modo que no me mezclen el posible con probable y con cierto Y a veces esto se hace de una manera que es o bien inconsciente o bien muy conscientemente un deseo de rebajar la dignidad humana. Tiene que haber muchísimos sitios en el Universo con vida inteligente, por lo tanto nosotros no somos nada especial.

Pero hay de todo: son físicos, astrofísicos, no filósofos, no teólogos, los que han propuesto en los últimos 60 años el llamado principio entrópico. Por consideraciones físicas se puede preguntar qué ocurriría si el estado más primitivo del universo, en el big bang, hubiese tenido una variación digna de mención o en la cantidad de materia del universo o en la fuerza de cada una de las cuatro interacciones que rigen el proceder de la materia y una vez tras otra cuando se hace ese cálculo se dice: no podría existir vida inteligente. Y entonces llegan a la conclusión de que el universo desde su primer momento está ajustado con una precisión extraordinaria en algún caso de hasta de 50 decimales. Y de no estar ajustado con esa precisión, la vida sería imposible aún en un único planeta.

Esto es algo que uno de los físicos de mayor prestigio del siglo XX, John Archibald Weehler, dice en un artículo: hay dos preguntas básicas, la primera, ¿por qué hay algo en lugar de nada?; la segunda, ¿qué relación hay entre las propiedades del universo ya desde el primer momento y nuestra existencia? Si no sabemos contestar estas dos preguntas, dice, tendremos que confesar que realmente no entendemos nada. Y él hace luego un raciocinio que podría haber firmado Santo Tomás, donde dice: La propiedad más absolutamente propia de la materia es su mutabilidad, toda la ciencia estudia los cambios de la materia. Pues bien, toda mutabilidad implica la posibilidad de existir de diversas maneras, aquello de lo que hablamos como mudable no está determinado esencialmente a existir sólo de una manera. Y luego añade: todo aquello que puede existir de diversas maneras tiene que ser ajustado extrínsecamente para que exista de una manera concreta y no de otra de las posibles.

Y por tanto el universo tuvo que ser ajustado ya en su primer momento y ese ajuste tiene que tener un fin, y el fin que se descubre es ajustarlo para que pueda existir la vida humana. No nos importa hablar de otros universos, no nos importa hablar de otras humanidades; el universo cumple su destino cuando existe un planeta que es la Tierra, por lo menos uno, donde se da la vida personal, inteligente. Y, como una última frase, si el Creador es inteligente y libre, tiene los atributos propios de la persona. Para una persona la razón última de crear no puede ser que le gusta ver quemarse estrellas, ni que le gusta ver lagartijas corriendo por el suelo. Una persona sólo puede satisfacerse con relaciones personales y entonces el universo está hecho para que haya quienes puedan tener relaciones personales con el Creador personal.