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viernes 19 de agosto de 2022

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Alberto Fernández cedió protagonismo y apeló a Martín Guzmán para generar credibilidad

El desafío de las administraciones de todo el mundo es lograr cómo despertar el interés de las audiencias cuando los anuncios oficiales compiten con muchísimas noticias, siempre más impactantes que las generan los gobiernos. Intentaron hacerlo con la renegociación de la deuda con los bonistas privados, invitaron a los gobernadores, estuvo presente Cristina Kirchner, realizaron una escenografía original en el Museo de la Casa Rosada, pero el impacto no duró más de 48 horas. Decidido a salir de la encerrona de la pandemia, el Gobierno realizó este jueves un gran despliegue de comunicación.

Semanas después, el nuevo torniquete del cepo tampoco fue un buen ejemplo de comunicación. Mientras el ministro Martín Guzmán presentaba en su despacho a unos pocos periodistas los lineamientos del Presupuesto, el Banco Central anticipaba a través de un comunicado las medidas para evitar la continuación de la fuga de divisas a través del dólar ahorro. En efecto, una de las dificultades que tiene el equipo de Alberto Fernández es, justamente, la descoordinación. El otro, la inexistencia de voceros creíbles que puedan transmitirle a la opinión púbica el rumbo que buscan imprimirle a la gestión.

En ambos casos, el mismo Presidente es parte del problema. No solo porque cree que nadie puede transmitir el equilibrio político que pretende darle a la gestión, sino porque le cuesta darle protagonismo a otros actores de su propio equipo. Sin embargo, hoy cedió, y Martín Guzmán fue colocado en el centro, dándole a la comunicación un tono técnico, profesional, austero, preciso. En fin, alejado de la “cháchara” política. La Vicepresidenta estuvo de acuerdo con que así fuera y ese acuerdo en la fórmula presidencial distendió la puesta en escena.
El Ministro de Economía trabajó con su propio equipo de comunicación desde temprano. Al mediodía pasó por Casa Rosada, donde almorzó con Fernández, y después se dirigió a C5N, donde realizó una entrevista de una hora para Ámbito Financiero, que será transmitida por la noche en el canal de noticias. Allí, por ejemplo, anticipó que el Banco Central daría a conocer un nuevo comunicado sobre política monetaria.
Del canal volvió a su despacho, habló con el Presidente por teléfono y fue el último de los funcionarios que llegó a Casa Rosada para el anuncio, cuando ya estaban el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, el ministro de Agricultura, Luis Basterra, y la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont. Adentro ya estaban el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y la vicejefa, Cecilia Todesca. Entró y terminó de acordar los términos operativos del anuncio y se dirigió a la reunión que mantuvo con los directivos de las cámaras empresarias, a quienes anticipó las medidas.
Es que para después del anuncio, el Gobierno esperaba que los privados salieran a hablar con los medios para dar su opinión sobre las medidas, para los que se armó una discreta logística de paneles, parlantes y micrófonos, que le dieron un marco apropiado para el diálogo con los periodistas que inundaron la Casa de Gobierno como no sucedía desde el 10 de diciembre de 2019, cuando el Frente de Todos asumió la Presidencia.
Un funcionario del área económica reconoció a Infobae que Fernández sabe que su palabra no genera demasiada confianza en el mundo de los negocios. “Soy abogado”, se excusó. De todos modos, ese asesor tomó nota que cada vez se queda más tiempo en las recorridas que hace por las plantas industriales del AMBA que le eligen a Fernández para algunas de las “60 medidas” de incentivos para la inversión privada y el consumo.
Mientras tanto, el Presidente siguió todo por televisión y desde su despacho. Reunido con el secretario general, Julio Vitobello, y el secretario de Comunicación, Juan Pablo Biondi, ni siquiera se involucró en conversaciones informales con los dirigentes empresarios que pasaron por Casa Rosada. En esta curiosa jornada de bajo perfil presidencial, a las 20.25 se escuchó el helicóptero que lo llevó de regreso a la Residencia de Olivos.
Como nunca antes, aceptó que fuera su equipo el que cargara con el peso de lo que -él pretende- sea un antes y después en su gestión, el comienzo de una etapa que le permita llegar más liviano a marzo, cuando esperan que las arcas del Tesoro nacional estén más fortalecidas con la liquidación de divisas agrícolas y la actividad económica empiece a rebotar. Hasta entonces, lo sabe, cortarán clavos.