Impacto 107.3

sábado 13 de agosto de 2022

Bella Vista: Nubes | Ahora: 14.12°C | ST: 13.89°C

Dólar hoy: $ 141,50 | Dólar blue:$ 295,00

Alpargatas sí, libros también: el peronismo en la literatura argentina

A días de cumplirse 40 años de la muerte de Juan Domingo Perón, se edita «Con el bombo y la palabra», un ensayo que analiza la fecunda y conflictiva relación entre el movimiento político y el campo de las letras. Infobae habló con el autor del libro, Rodolfo Edwards, quien afirmó que la fuerza política «despierta perplejidad» entre los escritores.
-A grandes rasgos, ¿cómo sintetizaría la relación entre peronismo y literatura?

La sintetizaría como una relación recorrida por grandes tensiones, por un desacuerdo que generó todo tipo de textos de réplicas al peronismo pero también hubo escritores que demostraron una posición a favor o cercana al movimiento. A los escritores, por lo general, el peronismo les despierta una marcada perplejidad y desconcierto que se refleja en las ficciones que abordaron este fenómeno tan resistente a las conceptualizaciones estrictas. Siempre hay algo en el peronismo que se torna incomprensible racionalmente a lo que sólo se puede llegar acceder desde un plano afectivo y sentimental. «El peronismo no se aprende ni se proclama, se comprende y se siente», decía Perón.

-¿Por qué se da esa división en el imaginario colectivo entre peronismo e intelectualidad?

Se da esa división porque el peronismo, a partir de su irrupción como tal en 1945, pateó el tablero de la política y también de la cultura tradicional. «El subsuelo de la patria sublevado», como decía Raúl Scalabrini Ortiz, era una enorme masa de trabajadores, subocupados y desocupados que emergían del silencio y la oscuridad. Eran los ignorados, los que no figuraban en la agenda de nadie que de pronto ocupaban el centro de la escena y se veían amparados y escuchados desde que Perón ocupó su puesto en la Secretaria de Trabajo y Previsión. Lógicamente, ese nuevo cuadro social provocó reacciones inmediatas de parte de los sectores tradicionales. Tanto la tradición de la cultura liberal como la de la cultura de izquierda no supieron entender este nuevo fenómeno y empezaron aquellas imprecaciones estigmatizadoras y denigratorias: los «grasas», los «cabecitas negras», la «negrada», etc. Ahí se armó una fisura entre peronismo e intelectualidad que aun hace sentir sus efectos en la sociedad argentina.

-¿Cuál es la verdadera historia de la frase «Alpargatas sí, libros no»? ¿Es parte de la «mitología negra del peronismo» de la que habla en el libro o fue una proclama real?

El cántico «Alpargatas sí, libros no» se originó en el enfrentamiento callejero que hacia 1945 protagonizaban obreros peronistas y estudiantes universitarios que eran declaradamente antiperonistas. Arturo Jauretche explica muy bien esta cuestión diciendo que para que los desclasados lleguen a leer un libro primero tienen que comer, vestirse, calzarse, para poder así concurrir a una escuela y alfabetizarse para llegar al libro y al disfrute de los bienes de la cultura. Muchos hijos de aquellos obreros peronistas que ni siquiera habían completado los estudios primarios, hoy son profesionales universitarios porque pudieron acceder a una educación pública libre y gratuita, donde se mezclaron todas las clases sociales, en igualdad de oportunidades. Después esa frase pasó a formar parte de las mitologías negras generadas por el imaginario gorila que pretenden poner al peronismo como enemigo del pensamiento, respondiendo al viejo eje sarmientino de civilizados y bárbaros.

-Usted aclara desde el inicio del libro su adhesión incondicional al peronismo desde una edad temprana. Desde su punto de vista, ¿cuál es el libro que mejor captura lo que es el peronismo, y cuál el que peor lo hace?

La novela Megafón o la guerra de Leopoldo Marechal creo que da con claves esenciales del peronismo y ¿Qué es esto? de Ezequiel Martínez Estrada es la mayor manifestación de odio verbal que sufrieron Evita, Perón y todos los peronistas. Este libro merecería figurar en una antología universal del odio. Este hombre hasta se enfermó durante el peronismo. Le agarró una especie de soriasis que sólo se le curó cuando cayó Perón… Él mismo reconoció que padeció una «peronitis aguda».

-A lo largo de la historia, ¿han sido más los escritores anti o los pro-peronistas?

En mi libro desarrolló este tema. Durante mi investigación la pila de libros antiperonistas era más alta que las de los libros pro-peronistas…Tal vez se deba a que el peronismo tiene apenas 70 años. Las tradiciones culturales liberales e izquierdistas llevan mucha ventaja temporal, son mucho más antiguas. Los intelectuales que adherimos al peronismo estamos atrapados entre esas dos pinzas y se nos hace dificultoso movernos. Todo cuesta el doble, ya que definirse como «intelectual peronista» sigue sonando como un oxímoron para casi todo el campo cultural. Hay muchos prejuicios.

-Su tesis es que el antiperonismo ha estado más presente en la ficción y el peronismo en el ensayo. ¿Cómo se explica este fenómeno?

Pienso que la ficción es campo del «gorilismo» y el «antiperonismo», salvo pocas excepciones. El peronismo a la hora de narrarse, prefiere el ensayo, el manifiesto político, el brulote, el libelo. En esa línea podemos ubicar a Juan José Hernández Arregui, a Arturo Jauretche, a John William Cooke. Todos ellos usaron una lengua de batalla, pensaban que la mejor forma de defensa es un buen ataque. El peronista cultural siempre está librando la batalla de las Termópilas: son cinco tipos frente a decenas de libros de contreras que les caen como cascotazos sobre el rancho.

-Usted menciona el caso de Julio Cortázar como uno de los únicos escritores que realizaron una autocrítica tras ser inicialmente «gorila». ¿Cómo fue su evolución con respecto al peronismo?

Cortázar es un gran escritor. Yo lo quiero para mi equipo. Pero a comienzos de los años 50 escribió cuentos como Las puertas del cielo que eran no sólo muy antiperonistas sino absolutamente racistas. Cortázar fue el único escritor que yo sepa que, a comienzos de los años 70, expresó una especie de «arrepentimiento» por lo que escribió en sus años mozos sobre el peronismo. No hay que olvidar que él se fue del país porque estaba harto de que los bombos peronistas no lo dejaran escuchar los cuartetos de Brahms….

-Me sorprendió ver los nombres de César Aira y Néstor Perlongher dentro del grupo de autores «gorilas». ¿A qué se debe la inclusión?

Yo sabia que la inclusión de estos autores en el bando «gorila» iba a despertar algunas polémicas. Pienso que mi libro es bastante audaz porque me animé a tocar a figuras «intocables» como Borges o Cortázar, permanentemente alabado y «sobados» por la cultura oficial. César Aira y Néstor Perlongher están absolutamente canonizados por la crítica. Soy lector de ambos. Aira es una máquina de escribir humana y algunos de sus libros son geniales. Perlongher escribió «Cadáveres», uno de los mejores poemas de la historia de la poesía argentina. Pero yo no estoy haciendo un juicio estético de sus obras ni de ninguno de los autores analizados en mi libro. Sólo me ocupo de marcar el antiperonismo que se manifiesta en algunos de sus textos. Pero la crítica los ha convertido en vestales intocables, en seres perfectos incapaces de todo error o maldad. A veces veo que hasta algunos peronistas leen el título Evita vive y piensan que es un homenaje a Evita, cuando es un feroz maltrato verbal a la figura de Evita que entra en serie con aquel cuentito de Borges El simulacro que se burlaba del velorio de Evita. Borges es el gran matricero de textos antiperonistas. El cuento Las dos muñecas de Aira también entra en esa serie. Hay una obsesión enfermiza con la figura de Evita, con su cuerpo, con su cadáver, que no deja de asombrarme. La profanación de su cadáver se continúa en esos textos que en mi lectura expresan formas de antiperonismo, aunque estéticamente me resulten inobjetables.

-¿Teme que en tiempos de kirchnerismo hacer una clasificación que separa a escritores «peronistas» y «gorilas» como la que hace en su libro pueda ser considerado un acto de obsecuencia?

Para nada. Este libro pudo haber sido publicado en otra época también. En todo caso podría decirse que soy obsecuente con el peronismo desde la década del 60, cuando tenía 8 años y mi tío Duarte me hizo peronista…Pero yo prefiero hablar no de obsecuencia sino de fidelidad a una causa. Hay un epígrafe en mi libro de Soren Kierkegaard que dice: «La pureza del corazón es querer una sola cosa». Yo siempre fui, soy y seré peronista, venga quien venga. La revisión de la literatura argentina pienso que es algo que faltaba. Por eso escribí este libro que es también una historia de la literatura argentina desde una visión peronista.

-¿Y cómo es la relación entre peronismo y la literatura argentina actual?

En general sigue primando la parodia para referirse al peronismo. La marca dejada por el cuento La fiesta del monstruo que Borges y Bioy escribieron en 1947 para perjudicar a Perón sigue dominando la mente de los jóvenes de hoy. Hay excepciones como la obra de Juan Diego Incardona. Su novela El campito respeta la herencia marechaliana.

-Por último, quiero preguntarle cuál es su opinión de la flamante Secretaría de Pensamiento Nacional.

Es un foco de opinión más, abre un debate, se va a sumar el que le interese esa línea, nadie está obligado a hacerlo. Pienso que estamos en democracia y si alguien quiere abrirse un kiosquito que diga «Secretaria de pensamiento internacional y globalizante» también puede hacerlo, nadie se lo va a impedir…