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domingo 3 de julio de 2022

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Ante el Congreso, la Presidente defendió su gestión y realizó un llamado a la «unidad»

Cristina Kirchner habló durante casi tres horas en la Asamblea Legislativa. Su discurso estuvo focalizado en la economía, pero también se refirió a la paritaria docente, el memorándum con Irán y la crisis en Venezuela. La oposición criticó que no se refirió a la inseguridad y a la inflación, aunque luego pidió a la militancia «cuidar los precios»
Como en cada una de sus intervenciones frente al Congreso, la presidente Cristina Kirchner inauguró la 132 Asamblea Legislativa con un discurso cargado de cifras y estadísticas. Y aunque abarcó un sinfín de temas, se fue con las críticas de una oposición que en general valoró sus palabras, pero subrayó que no habló de inseguridad ni de inflación, dos aspectos candentes de la agenda política.

Buena parte del discurso de casi tres horas se centró en la economía. «Volvimos a crecer y estamos en el proceso más virtuoso de los últimos 200 años», sentenció antes de sacar a relucir dos informes supuestamente neutrales, del Banco Mundial y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La presidente destacó que ambos trabajos elogian al país, aunque omitió aclarar que utilizan estadísticas oficiales.

En cuanto al primero, señaló con una cuota de ironía. «Afortunadamente en esto que algunos denominan ‘relato’ nos acompañan otros relatores internacionales, como el Banco Mundial, que elogió la reducción de la pobreza y la desigualdad en Argentina, y resaltó el rol de lo que llama ‘gasto público social’, pero que para nosotros es una inversión».

En ese alud de números con el que Cristina buscó engalanar sus palabras, destacó que «casi 3 millones de jubilados» se incorporaron al sistema previsional, aseguró que «sólo el 53% cobra la mínima, y no el 80% como dicen», y advirtió que hubo un pago récord de sentencias («se abonaron un 55% más que en 2012 y para este año se saldarán otros 45 mil fallos, lo que representará una erogación de 6.500 millones de pesos»).

Sobre el informe de la FAO, afirmó que el organismo «reconoce el programa Precios Cuidados como una medida orientada a favorecer la disponibilidad de alimentos». Y concluyó con un dato duro: «Hoy argentina produce alimentos para 400 millones de personas».

En ese marco, Cristina Kirchner consideró que «la bonanza tiene que ver con políticas sociales y transferencias a través de programas sociales, pero el centro de la reducción de la pobreza ha sido el surgimiento del trabajo legal y registrado, ya que hemos creado más de 6 millones de puestos de trabajo».

La jefa de Estado intentó graficar ese logro partir del «crecimiento de la sindicalización». Nuevamente apeló a los números. «La UOM tenía 50 mil afiliados en 2003 y hoy tiene 250 mil, y la UOCRA pasó de 70 mil a 450 mil», comparó.

Al concluir la pata estrictamente económica de la alocución, la mandataria habló de las automotrices y el impuesto a los vehículos de lujo. «Se dice que se cayó la venta por este gravamen, pero los números que tenemos no son estos. El principal factor que afecta al sector es la caída de las exportaciones y especialmente la demanda desde Brasil», examinó. Y anunció que prepara una reunión con representantes de la industria. «Si tenemos que corregir algo lo vamos a corregir», admitió.

El otro sector económico sobre el que hizo hincapié es el de la construcción. «Siempre se dijo del peronismo y en especial del kirchnerismo (no sé si serán lo mismo, pero se parecen bastante) que nos ocupamos de los pobres y no de otros sectores. Para eso se hizo el plan Procrear, que sostuvo el ritmo de crecimiento de la construcción. Desde su inicio generó el 29% de los permisos de obra en los municipios», valoró.

Uno de los temas sobre los que Cristina Kirchner abundó es la crisis energética. La mandataria desmintió lo que llamó «la falacia del autoabastecimiento 2003». «Es un mito, porque en ese momento el país tenía un 54% y no había nada para enchufar, ni luz y gas en las casas», rebatió.

El tópico está relacionado a la expropiación de YPF y el reciente acuerdo de compensación con Repsol, que la mandataria defendió y consideró clave a la hora de hablar de una «revolución energética» que llevará al país al autoabastecimiento. También hizo un repaso de la historia de la empresa y reconoció que su privatización «benefició a las provincias petroleras», entre ellas, Santa Cruz.

El otro punto en el que usó el calificativo de «revolucionario» fue en materia de trenes. «Estamos haciendo la inversión en materia ferroviaria más importante de los últimos 50 años. Además de los mil coches nuevos y la electrificación del Roca, también es fundamental para la economía, y en especial para el sector agropecuario, la decisión de invertir en el Belgrano Cargas, fundamental para el NOA y el NEA», indicó.

Uno de los pasajes más polémicos del discurso presidencial, que despertó elogios por derecha y críticas por izquierda, fue cuando la mandataria se quejó de los piquetes y pidió una «normativa» para regular esas protestas. «Aunque pensemos en las antípodas, por favor en el respeto a los ciudadanos pongámonos de acuerdo», lanzó, despertando el aplauso de los legisladores del PRO y la UCR, entre otros. También recordó (y repudió) que el secretario de Seguridad, Sergio Berni, está procesado por ordenar el desalojo de una protesta sobre la autopista Panamericana.

La referencia de la mandataria se centró en dos temas que esta semana sacudieron la agenda de noticias: la jornada de protestas y piquetes en todo el país en repudio a la condena a los petroleros de Las Heras y la usurpación de tierras en Villa Lugano. Sobre el primero, defendió el curso de un expediente en el que propio fiscal reconoció (y justificó) que los acusados fueron torturados. Y en cuanto a la ocupación, aseguró que recibió un llamado del jefe de Gobierno, Mauricio Macri, con quien habría coincidido en la acusación del oficialismo contra el fiscal Carlos Rívolo, que no se hizo presente en el lugar la noche de la toma.

«Salvo honrosas excepciones, ni de casualidad encontrás a un juez o a un fiscal a las 3 de la mañana. Hay que ponerle un poco más de onda porque ganan los mejores sueldos y siguen sin pagar ganancias. Necesitamos una mejor Justicia», reflexionó, al relacionar la toma en Lugano con el fallido intento del kirchnerismo de «democratizar» al Poder Judicial.

Nota aparte merece la referencia de la presidente a la paritaria docente federal, que está lejos de llegar a un acuerdo y podría terminar con un paro nacional de maestros el miércoles y el jueves, en lo que deberían ser los primeros días del ciclo lectivo en casi todo el país. «No puede ser que cada año sea un parto el inicio de clases por la discusión salarial», cuestionó, al tiempo que propuso correr las negociaciones salariales a junio para garantizar el inicio del período escolar. Además, hizo uno de los anuncios más importantes de su discurso: anticipó que buscará extender la escolaridad a la sala de 4 años.

En el plano internacional, centró su alocución en dos aspectos. Primero, el acuerdo con Irán. Aunque reconoció que el país persa «no lo cumple», destacó que «fue pensado y ejecutado para destrabar la causa». Y contó que invitó a la dirigencia de la AMIA y de la DAIA a presentar una alternativa, pero que le contestaron «que no le encontraron la vuelta». Por eso redobló la apuesta y llamó a la oposición a presentar proyectos «para lograr el objetivo, que es el que el fiscal pueda tomar declaración indagatoria a los iraníes acusados que viven en Irán».

Como era esperable, el otro tema de la agenda internacional fue la situación en Venezuela. Cristina denunció «un intento de golpe suave», sostuvo que «la democracia no es ni de derecha ni de izquierda, sino respeto por la voluntad del pueblo», y aseguró que «nunca se le ocurriría» no defender a Chile o Colombia por tener gobiernos con otro «sesgo ideológico».

Como dato de color, hubo dos menciones al senador Gerardo Morales, habitual blanco de críticas del oficialismo. La primera, lisa y llana: cuando la mandataria defendía la gestión de Mariano Recalde al frente de Aerolíneas Argentinas y aseguraba que «el Estado también puede ser un buen administrador», el gesto del legislador distrajo su atención. «No tiene que ser escéptico», le dijo, mientras el dirigente radical disentía con su cabeza. Luego volvió a apuntar contra él. Aunque no lo nombre, recordó que «alguien dijo que los pobres tenían hijos para cobrar la Asignación Universal por Hijo», y brindó un dato para desmentirlo: «Sólo el 3% de los que la cobran tienen 5 hijos».

Después de pronunciar su discurso, la Presidente inauguró dos réplicas escultóricas de la artista Lola Mora, que fueron reinstaladas en la explanada del Congreso Nacional, y aprovechó la ocasión para dirigirse a las agrupaciones kirchneristas que se concentraron al aire libre.

Como se ha vuelto habitual en los últimos discursos que dio ante militantes en los patios de la Casa Rosada, Cristina esperó que terminen los cánticos de apoyo para hablar y exhortó a sus seguidores a que colaboren con el monitoreo de los programas de control de precios. «Cada Argentino, piense como piense, cuide su bolsillo, no permita que le robe nadie», apuntó.

También agradeció el respaldo de los jóvenes, sector que identificó como su «debilidad». «Les veo la cara a ustedes y veo el presente y el futuro de la patria», dijo.

Al cabo de unos minutos, se retiró en medio de ovaciones y se subió al asiento del acompañante de una camioneta blanca. Pero antes de abandonar el lugar, se bajó del vehículo para saludar a un hombre en silla de ruedas. Entonces sí concluyó la jornada: Cristina volvió a la combi y se fue saludando a sus militantes por una ventanilla baja que delató que no llevaba puesto el cinturón de seguridad.